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EL DOLOR DE OIDO/ AUTOR: EDUARDO ZAMBRANO YASO

El Dolor de Oído

LOS YASOS TAMBIEN ENTRETIENEN CON SUS PROPIOS CUENTOS

Camila, es una niña de ojos brillantes y sonrisa cautivadora y le encanta ir a la playa con su hermana Andrea,  donde ambas se sienten como sirenas  en el agua. Un día, cuando el sol chispeaba, mamá las llevaba al colegio y Camila comenzó a llorar de dolor en un oído y ella rápidamente la llevó al hospital, donde un médico muy amable examinó a la niña y dijo:  
“La princesa tiene una infección en el oído, por una bacteria que está en el agua de la playa, debemos dejarla dos días hospitalizada”.
Al iniciar la estadía en el hospital, a Camila le sujetaron una aguja en su mano y ella con lágrimas en sus ojos veía una larga manguerita que unida a una botella de plástico dejaba caer una gota de agua, Andrea, recordó que papi le contaba historias de payasos con narices rojas y ropa de muchos colores, que con juegos y divertida formas de caminar y hablar, iban a curar con risas y travesuras a los niños que allí estaban, entonces, Andrea comenzó a pedir por la llegada de uno de esos mágicos seres, cuando se escuchó una voz que decía:
“Buenos días, ¿puedo entrar?”

Las dos cabecitas voltearon y al ver una nariz roja que centellaba, asintieron al unísono y con una sonrisa pícara dieron a entender su tímida bienvenida.

El personaje pasó y las niñas al verlo se sorprendieron; era un hombre con bata de médico, de nariz roja e hinchada, sobre su cabeza un pañuelo amarillo cubría su cabellera y sobre el pañuelo un mono de peluche blanco se abrazaba para no caer, bajo la bata la ropa era llena de matices y resaltaban unas medias de abundantes colores que combinaban con un chupón tan grande como un globo, en resumen, era un payaso, de esos que papi decía que existían.

El payaso las llevo a un mundo imaginario y de diversión, donde la habitación era el mar que tanto les gusta, la cama un castillo en el fondo del mar, ellas dos bellas sirenas, la manguerita y la botella plástica un mecanismo para poder salir a la superficie y ver el cielo sin daño alguno, así jugaron hasta que el payaso tuvo que retirarse para ir a ver otros amiguitos.

Pasados algunos minutos, llegó papá y ellas le contaban con entusiasmo la experiencia que vivieron junto a su amigo y él las escuchaba cariñosamente, pero  Andrea al bajar su cabecita observó las medias de papá y reconoció que eran las mismas del payaso, entonces, sonrió pícaramente y entendió que él era aquel ser mágico que las entretuvo y desde ese momento quiso ser un héroe anónimo como el payaso que les alegro la vida.

AUTOR: EDUARDO ZAMBRANO

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